Las fiestas patronales se acordó que fuesen el día de San Isidro. Para ello fue necesario adquirir una imagen representativa del santo, que fuese venerada en procesión en dicha festividad. Hubo dos imágenes, las dos con una historia que merece ser recordada.
La primera fueron a recogerla a Villanueva de la Serena en un camión del Instituto. Al parecer fue una imagen prestada y su llegada al pueblo dejó mudo a los numerosos colonos que fueron a recibirla. El camión entró por la pista del canal, llegando al pueblo por lo que hoy es la carretera a Entrerrios. Los vecinos se habían desplazado hasta las primeras casas del pueblo (Hoy casas de Francisco Castillo y José Manigüa), para recibir al santo. Aún recuerdan la cara de sorpresa que se les quedó cuando vieron la imagen, ya que esta no medía más allá de treinta o cuarenta centímetros.
La segunda imagen llegó por ferrocarril a Villanueva de la Serena a principios de Mayo de 1958. Fue adquirida entre el I.N.C. y los colonos con una aportación de 20 o 25 Ptas. Su llegada es narrada por D. Sebastián, cura párroco, en la siguiente forma:
El 6 de Mayo de 1958, día que comenzaba la novena a San Isidro, marché a Villanueva por la tarde para disponer todo lo necesario a fin de que entraran la imagen en Valdivia al anochecer y, tras bendecirla a la entrada del pueblo, llevarla en solemne procesión hasta la parroquia, donde daría comienzo la novena.
La primera parte del proyecto se cumplió con arreglo al guión previsto. Regresé a Valdivia media hora antes de que lo hiciera la junta de la Hermandad, que se había desplazado igualmente a Villanueva en el camión de D. Víctor Herrador para transportar la imagen.
Al toque de campanas, previamente acordado como señal para la recepción de la imagen, el pueblo en masa se dirigió con gran entusiasmo a las inmediaciones de la carretera. Pasó la media hora acordada, pasó otra media hora y algo más y el camión, con la imagen y la comitiva, no se presentaba. Cuando, conscientes de que algo raro había sucedido, el conductor de un coche que se dirigía a Orellana, nos dijo que el camión había sufrido un pequeño accidente a la altura de la llamada Casa Grande de la Encomienda, pero sin que se hubiera producido herido alguno. La tardanza se debía a lo engorroso del trabajo efectuado por la Guardia Civil de Tráfico, para levantar acta de lo sucedido a través de los trámites pertinentes.
Cinco o diez minutos después del aviso, llegó la comitiva y la imagen. Lo que realmente había sucedido era que el camión, muy adornado y engalanado, que portaba al santo, se cruzó con otro camión y debido a la estrechez de la carretera, se rozaron levemente saliéndose hacia la cuneta sin que ninguno de los acompañantes recibiera el más leve rasguño.
El único que sufrió las consecuencias del golpe fue el pobre San Isidro, que acabó con la rotura de dos dedos de una de las manos y las vaquillas igualmente dañadas.
Antonio Carrasco, uno de los Hermanos que venían con la imagen, nos cuenta su versión de los hechos:
Creo recordar que la imagen vino desde Zafra a Villanueva en tren y allí fuimos a recogerla. Íbamos 15 o 20 personas en el camión. San Isidro lo traíamos envuelto en una sábana. La imagen veníamos sujetándola Antonio Puerto, entonces presidente de la Hermandad, y yo, porque el aire levantaba la sábana y para que no se moviera.
Como la carretera ésa era, y sigue siendo tan estrecha, al bajar de la cuesta para acá, nos cruzamos con otro camión y chocamos de rabera. Nosotros dimos la vuelta hacia el terraplén y volcó el camión. Todo el mundo caímos formando una pelota con la imagen y nos levantamos diciendo: Yo no tengo ná...yo tampoco..tranquilos. El único que se puso más nervioso fue el conductor, que el hombre lloraba pensando que nos había matado a todos. Se rompió el yugo, el cuello de una de las vaquillas y los dedos de una mano. Fue un día de emoción aquél, lástima que no haya una fotografía de cómo volcó el camión y todos allí hechos una pelota. Cuando llegamos estaba todo el pueblo esperando a la entrada.
La Hermandad de San Isidro era la encargada de organizar las fiestas populares. Para ello, montaban una caseta en la calle Generalísimo, hoy Paseo de Extremadura, con una longitud igual a la de la Iglesia, y contrataban una orquesta para el baile, turnándose los Hermanos en el servicio de la barra.
Los primeros años incluso hacían donativos, que luego eran subastados, con objeto de recaudar fondos para la Hermandad.